jueves, 18 de junio de 2009

primer capitulo , tercera pagina

De pie, en medio del laboratorio. Cual escultura griega, se elevaba la silueta desnuda del “recién” desenterrado. Sus fuertes bazos, similares a los de un leñador o un herrero, se elevaron en un estiramiento, que más que desperezarse parecía posar para una foto. No mediría más de un metro ochenta centímetros de estatura, pero su musculatura y su estructura ósea lo hacían parecer enorme. Se miró las manos, las abrió y cerro unas cuantas veces como intentando recuperar la elasticidad. Hizo girar sus brazos como hélices sobre sus hombros y luego repitió dicha maniobra con el cuello. El sonido del crujir de sus huesos resonó por todo el edificio. El cuerpo entero de científicos de la universidad lo miraba expectante, no decían nada, solo miraban. Fue entonces cuando una voz que casi parecía no proceder de él, salio de la garganta del hombre desnudo.
-En que año estamos- dijo.
Justo entonces por la puerta del laboratorio apareció el profesor Jeremías, que con paso firme se dirigió a la habitación acristalada, más parecida a una pecera que a una estancia, en la que se hallaba el resucitado.
-¡En que! ¡Año! ¡Estamos!-Grito el hombre.
-¡Increíble! Hablas nuestro idioma-Exclamo el profesor – pensaba que un hombre, ¡si es que eres un hombre! Que lleva dos mil años, ¡al parecer! ¡Durmiendo! hablaría latín, griego, o en su defecto y debido a que te encontramos en Brasil, algún dialecto aborigen.
-¡escúchame viejo!
-Dijo el aborigen al ser civilizado- refunfuño el profesor.
-Llevo mucho tiempo enterrado, y no tengo tiempo para escuchar payasadas de un científico loco con aires de salvador regional. -dijo el hombre- ¿puedes decirme en que año estamos? ¡A lo mejor así puedo enterarme de si estoy a tiempo de acabar mi misión, o por el contrario todo mi trabajo ha sido en vano!
-¿Quiere decir que, sabia usted que estaba enterrado? – preguntó Jorge, que hacia ya unos segundos, había entrado en la habitación siguiendo los pasos del profesor.
-Dieciocho de junio de dos mil nueve -interrumpió el profesor- ¡hoy es dieciocho de junio de dos mil nueve!
-¡Maldita sea!-exclamo el hombre- ¡Me habéis desenterrado demasiado pronto! Aun faltan veinte años para el día esperado. Algo ha cambiado. He debido tocar algo en el pasado que ha alterado el presente. ¿Es usted Jeremías Mateo verdad? ¿O me equivoco?
-¡No se equivoca no! Yo soy el estupefacto por las circunstancias profesor Jeremías Mateo.
-Su excavación no debía tener lugar hasta enero de dos mil veintinueve –dijo.- así que deduzco que mis acciones en el pasado han cambiado, aunque levemente el rumbo de la historia. Acelerado de alguna manera su curiosidad por los fósiles marinos en el amazonas, llevándolo al descubrimiento de un yacimiento con restos humanos en el fondo de dicho río. Recuerdo perfectamente escuchar la noticia sentado en el sofá de mi apartamento, yo tenía veintitrés años.
-¿Quiere decir que el niño de tres años que va por ahí con su mismo ADN, es usted? –Pregunto Jorge- ¿y que de alguna manera puede usted viajar en el tiempo?
-¡Se que resultaría mas fácil de creer para ustedes! Debido al año en el que estamos. Que ese niño no es más que un clon genético mío. – Dijo el hombre – pero vistos los pinchazos en mis brazos, supongo que me habréis hecho algunas pruebas y verificado que llevo enterrado unos dos mil años. Con lo cual habría sido imposible que hace tres años alguien me hubiese clonado.

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